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As Pontes de García Rodríguez,
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Historia de As
Pontes.........................................De Roma al Feudalismo |
En el año 60 a.C., las naves de Julio César llegan hasta Brigantium. Sin embargo los efectos de la invasión y dominación romana de Galicia debieron llegar con retraso a As Pontes. Ninguna de las principales y más conocidas vías que figuran en el Itinerario de Antonio pasaba por As Pontes, pero es lícito suponer que desde Lucus Augusti (Lugo) alguna vía secundaria acercase la capital del convento jurídico romano a las costas de la ría ferrolana, pasando por el valle eumés. Pero sí llegó la lenta y progresiva romanización. Los ponteses terminarán pagando impuestos al Imperio, mezclando su primitiva lengua con el latín, adaptando su vida a las normas del derecho romano y adoptando criterios y estilos artísticos nuevos. Hay una huella romana en los más viejos puentes de As Pontes, aunque difícil de valorar tal y como hoy los conocemos. También, abundan en la comarca castros que, evidentemente, como demuestran ciertos vestigios, llegaron a la época romana y subsistieron romanizados, como forma de vivienda. La romanización del valle, si bien lenta por estar alejado de los centros neurálgicos políticos y culturales, la prueba un Ara Votiva, hallada en 1975 en las excavaciones de la ermita de Santa Eulalia de Portorroibo, y hoy instalada en el parque municipal, ante el edificio del Ayuntamiento.
  
La presencia romana trajo otra decisiva aportación, el cristianismo, que fue superponiendo sus ritos, creencias y costumbres a la religiosidad primitiva típicamente agrícola, muy vinculada a la naturaleza, a los ritos mágicos de fecundidad y al culto a los muertos. Los sarcófagos paleocristianos hallados en As Pontes, que pueden verse en el parque de la villa, atestiguan la cristianización del valle, temprana, como la de toda Galicia. La población, dispersa en minúsculas aldeas o en las alturas de los castros, transformaría poco a poco los lugares sagrados de sus antepasados en pequeñas ermitas y santuarios que salpicarían, como aún lo hacen hoy en día, el paisaje pontés. La dominación sueva, en los siglos V y VI, poco significó para As Pontes. Es sabido que la estructura administrativa romana perduró y que hubo una especie de pacto para la convivencia entre los invasores y la población hispanorromana. También la situación geográfica debió preservar a los ponteses de los musulmanes. Es posible que algunos hispanos islamizados llegasen hasta As Pontes. Así se explicaría el origen de topónimos como Mouros, Mourela y otros. A mediados del siglo XIV, un tal Rodríguez de Valcárcel aparece en algunos documentos como señor de los cotos de Balón y Brión, próximos a Ferrol. Era nieto de Nuño Freire de Andrade, un vasallo del conde de Trastámara, que había sido armado caballero en Burgos, durante la coronación del rey AlfonsoIX. No pertenecía, pues, a la vieja nobleza gallega. Cuando las sangrientas guerras civiles entre los partidarios de Pedro el Cruel y de Enrique de Trastámara asolaron la península, García Rodríguez de Valcárcel tomó partido por este último, participando en 1367 en la batalla de Nájera (La Rioja), desastrosa para el bastardo. Algunos afirman que García Rodríguez perdió parte de sus bienes durante la guerra fraticida. Lo cierto es que, en 1372, el rey Enrique II, "el de las mercedes", hizo una a García Rodríguez: "Por quantas lealtanzas de fianza fallamos en vos... e por quanto afán y trabajo y pérdidas oviste tomado por nós... facemos vos donación pura y perpetua... del lugar de las Puentes de Hume". García Rodríguez pasa a ser señor de As Pontes, de la villa y del castillo, con jurisdicción civil y criminal y poder para nombrar alcaldes, alguacil y escribanos públicos, por lo que el Concejo pierde su autonomía. Desde entonces, As Pontes pasa a llamarse As Pontes de García Rodríguez.
 
García Rodríguez disfrutó de durante pocos años del señorío concedido por el Rey. Murió, según parece, en 1410 y fue enterrado en el convento franciscano de Villafranca del Bierzo, cuyo cercano castillo de Corullón pertenecía a su esposa, Inés Fernández de Tamar. Al no sobrevenirle descendencia masculina, sus tierras (el señorío de As Pontes, entre ellas) pasaron a los Andrade y, posteriormente, a la familia con la que entroncaron: los Condes de Lemos. El Concejo, Jueces y Jurados de As Pontes mandaron a Vivero, a visitar al obispo Don Munio, a su Alcalde, Joan Vermuiz, que resulta ser el primer pontés de quien sabemos el nombre. El acuerdo se firmó en la villa de Landro en marzo de 1267 en presencia de testigos vivarienses y ponteses. Entre estos últimos estaban Pedro Joaniz, clérigo, y otro Pedro conocido simplemente como "Pedro das Pontes de Hume"
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