Adiós carbón, bienvenidas renovables

 

De las 14 centrales condenadas al cierre, cinco lo harán dentro de dos años; y otras tantas, Meirama entre ellas, están en el aire. En el 2045 pararán las últimas: As Pontes y Almería

Adiós carbón, hola renovables. Es lo que está deseando pronunciar la nueva ministra que asume las competencias de energía, Teresa Ribera. Su departamento lleva el más que significativo nombre de Transición Ecológica, aunque para gritar esa frase tendrá que esperar unos años. El cierre de las centrales más contaminantes se hará de forma paulatina porque así, de repente, el sistema eléctrico no podría prescindir de 10.000 megavatios de capacidad de generación (el 10 % del total) y 46.000 gigavatios hora de producción en el 2017 (el 18 %). En sus primeras declaraciones como ministra, Ribera establece el 2025, o sea, dentro de siete años, como fecha orientativa para el fin del carbón, aunque no hay una «decisión cerrada», declaró hace unos días en una entrevista radiofónica.

Ese horizonte temporal coincide con el marcado por algunas de las empresas que explotan las catorce centrales térmicas que producen energía quemando carbón (dos de ellas, en Galicia).

Pero no con todas. Así, Endesa pretende extender la vida útil de las plantas de As Pontes y de Litoral (Almería) hasta el 2045, que funcionan, por cierto, con carbón de importación; y EDP, mantener las suyas de Soto de Ribera y Aboño (en Asturias) hasta el 2030. Para ello, ambas compañías han tenido de rascarse el bolsillo de lo lindo para acometer una serie de reformas en las instalaciones a fin de reducir drásticamente las emisiones contaminantes a la atmósfera y poder mantener abiertas las plantas más allá del 2020. Es una imposición de la directiva europea de emisiones, cocinada en Bruselas, y que viene a decirles a las compañías con centrales de carbón que pueden seguir con ellas, pero recortando su contaminación. Endesa apostó por continuar produciendo en As Pontes y en Litoral, en las que está invirtiendo en torno a 400 millones de euros en reformas. Estas obras les darán 25 años más de vida a las plantas, o sea, hasta el 2045.

Las de EDP, hasta el 2030

La lusa EDP ha hecho lo propio, tras gastar 100 millones en sus dos térmicas asturianas, pero el horizonte de Soto de Ribera y Aboño es el 2030, según confirmaron fuentes de la compañía lusa, propietaria de la española HC (Hidrocantábrico).

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Las empresas no esperan que el Gobierno central tire por la borda tales inversiones y obligue a cerrar las térmicas antes de agotar la nueva vida útil.

En cambio, precisamente por no realizar esas obras para reducir emisiones a las que obliga la directiva europea, están condenadas al cierre a partir del 2020 -pueden seguir hasta el 2030, pero funcionando unas pocas horas al año- cinco centrales de carbón por exceso de contaminación. Son las de Lada (Asturias) y Velilla (Palencia), las dos de Iberdrola. Su presidente, Ignacio Sánchez Galán, hace unos meses, provocó un enfado de aúpa al anterior ministro de Energía, Álvaro Nadal, al anunciar que quería clausurar sus dos térmicas en el 2020. La solicitud de cierre está presentada.

También se apagarán dentro de dos años las de Endesa en Andorra (Teruel) y Compostilla (León); y la de Gas Natural Fenosa en Anllares (León).

Estas son las cinco centrales cuyo cierre a corto plazo está confirmado por las empresas. Pero hay otras cinco cuyo futuro pende de un hilo, pues sus propietarias no