Catalán

Catalán

Catalán.

Alberto Morer Vidal

Ante los “episodios nacionales” que últimamente estamos viviendo (más bien padeciendo) y el torrente de despropósitos y majaderías que se oyen a diestro y siniestro, siento una imperiosa necesidad de manifestarme y meterme de lleno en lo más profundo del charco. Soy plenamente consciente de lo que ello acarrea y asumo cualquier consecuencia que se derive de expresarme, de una vez por todas, con absoluta libertad.

Me dirijo en primer lugar a los que considero mis amigos. Esos que, conscientes del mal momento que estoy pasando por la situación en que me encuentro, se esfuerzan en hablarme del buen tiempo (meteorológico) que estamos disfrutando o del perro del hortelano. Se lo agradezco sinceramente.

En segundo lugar, me dirijo a los que deben considerarme su enemigo, ya que últimamente han decidido negarme el saludo y pasan por mi lado mirando al infinito con cara de profunda indignación. Debo admitir que solo uno Ha decidido ir un poco más lejos y me ha preguntado directamente “qué coño pasa con los hijos de puta de tus paisanos” sic. Mi primera reacción fue decirle que se lo preguntara a los que iban con él, pero enseguida me di cuenta que semejante tarugo no entendería la sutileza de la respuesta. Desde aquí le digo que siempre he considerado mis paisanos a las personas con las que vivo desde hace 65 años, los gallegos. Si me hubiera preguntado por los h.p. de mis ancestros, mi respuesta hubiera sido muy distinta.

Ya puestos, me gustaría dirigirme al mayor número de personas posibles. Tal vez entre muchos, podría hacer cambiar la opinión de alguno. De hecho, me hubiera gustado publicar mi opinión en algún periódico, no porque la considere más valiosa que la de los demás, pero entre tanta y tan repetitiva bazofia, al menos sería original. Me he cansado de mandar cartas a la Voz de Galicia, intentando poner freno al torrente de majaderías que salen de la pluma del ilustre catedrático en derecho constitucional, Sr. Blanco Valdés. La primera vez que leí un artículo suyo, hablaba de la confraternidad y buen rollo habían existido siempre entre catalanes y, digamos los centralistas, desde el venturoso matrimonio de los Reyes Católicos. Realmente no se qué y en qué libros habrá estudiado la historia su eminencia, el Sr. catedrático. Después de esta impagable contribución a la historia, leí algunos más en los que no había párrafo en el que no dedicara un insulto a los catalanes. Cansado de mandar cartas que nunca vieron la luz, dejé de leer al incendiario catedrático e ignoro el nivel de bilis al que sin duda habrá llegado. Lo único que voy a decir de él y personas como él, es que solo han contribuido a alimentar la hoguera. Que duerman bien. Si pueden.

Tampoco es que contribuyan mucho a calmar los ánimos portadas como las que hemos visto estos días en la Voz. Yo personalmente no había visto letras tan grandes en un periódico desde el famoso ¡WAR! a toda página de la invasión de Pearl Harbor por los japoneses. ¿Acaso pretenden levantar al pueblo en armas? Srs. de La Voz, háganselo mirar. ¿De verdad pretenden ser un medio informativo? ¿Por qué no emplearon unas letras de semejante tamaño cuando P.P y PSOE nos cambiaron la constitución con nocturnidad y alevosía para primar el pago de la deuda pública ante la vida de los propios ciudadanos que la misma Constitución pretende proteger?. Nos dicen que fue por imperativo de “la jefa“, pero otros países en peor situación que el nuestro se negaron a cometer semejante tropelía y… ahí están, vivitos y coleando. ¿Se dan cuenta de que en caso de que este país sufra una catástrofe mayor si cabe que el pérfido desafío de los catalanes, el gobierno al que le toque el marrón se verá obligado a seguir pagando los intereses de esa famosa deuda que nunca, NUNCA, vamos a poder pagar, aunque sus ciudadanos se estén muriendo de hambre, o pasarse la Constitución por el forro? No creo que los acreedores admitan tan fácilmente otro cambio constitucional con nocturnidad y alevosía.

Pero vayamos a lo que nos interesa: Muchos de los que lleguen a leer esto, habrán leído ya mi contestación a un artículo de Aquilino en el que solo tangencialmente hablaba de los motivos que en mi modesto modo de ver llevaron a los catalanes al punto donde se encuentran. A estas alturas, el que no los conozca será porque no vive en este país o se encuentra en estado catatónico irreversible, pero hagamos un pequeño y rápido recordatorio:

Mejorar la financiación totalmente imposible. Los barones autonómicos ya han declarado por activa y por pasiva que no están dispuestos a renunciar ni a un euro de lo suyo. Del concierto económico no se puede ni hablar, como el referéndum. Del estatuto adelgazado ya en el Parlamento Catalán para que el PSOE diera permiso al PSC (Con el inaudito cinismo del Sr. Guerra diciendo que ya se encargarían ellos de cepillarlo. ¿Se puede ser más cretino?), la rebaja del instituto de garantías constitucionales (o algo parecido), la aprobación en referéndum por el pueblo catalán, aprobación y nuevo recorte por las cortes españolas y la guinda del recorte del T.C que no aplicó a otras autonomías con un texto copiado del estatuto catalán, mejor no hablar.

La inquina manifiesta contra una lengua que debería ser un orgullo para todos los españoles; el desprecio con que algunos políticos se permiten hablar de los catalanes, a los que se atreven a llamar insolidarios; lo de antes alemana que catalana; la escandalosa falta de infraestructuras que padece; el incumplimiento sistemático de los presupuestos, año tras año. En fin, para que seguir. Me gustaría pediros que por un momento hicierais el esfuerzo de poneros en su lugar, solo así podréis empezar a comprender cómo se sienten los catalanes. Corrijo: Solo así podríais entender cómo se sentían los catalanes hace solo unos pocos días. Lo que ha ocurrido últimamente me ha dejado tan perplejo que aún me cuesta creer. Cuando escribí mi réplica a Aquilino quise dejar muy claro que yo no era independentista ni nacionalista. Esto último sigo sin serlo y creo que me moriré sin serlo, pero ya no puedo decir lo primero. Estoy seguro de que visto lo visto, a muchos catalanes les habrá pasado lo mismo. No es que quieran ser independientes, es que no les han dejado otra opción. Si hace un año se hubiera celebrado un referéndum civilizado, como los que se hacen en cualquier país democrático, estoy seguro de que por poco que ofreciera el gobierno, con un mínimo de cesión por su parte, hubiera salido el no y habríamos terminado el problema, al menos por unos cuantos años. La Constitución no impide hacer referéndums, por mucho que se empeñe el Sr. Rajoy. Lo que hace la Constitución es dar únicamente potestad al Gobierno para convocarlos. Pero es que en su momento ni siquiera se habló de un referéndum vinculante, se conformaban con una consulta que permitiera saber claramente cuantos eran partidarios de una cosa u otra. Pero eso Rajoy no necesita saberlo porque ya lo sabe por decreto. Después de todo lo que hemos visto, la única duda que me queda es saber es si todo este desafuero se lo debemos a la ineptitud del pollo o a un pérfido calculo estratégico para acallar la corrupción y seguir ganando elecciones. De que es un inepto absoluto para todo menos para camelar a la España profunda, que diría Anguita, y seguir ganando elecciones a pesar de haber dejado este país peor que unos zorros, de eso, no tengo ninguna duda. Pero si montó este tinglado calculando fríamente lo que pasaría, yo creo que ni el mismo Franco se hubiera atrevido a llegar tan lejos. Pase lo que pase a partir de este momento, los catalanes ya no van a formar parte de España a no ser que se les esclavice por la fuerza, que es lo que tristemente muchos españoles le están pidiendo a gritos. Cataluña ya no puede ser parte de España. Lo único que puede ocurrir es que sea súbdita de España por la fuerza. No se cuánto tiempo podrá Europa permitirse mantener una situación semejante.

Por mucho que ahora se quiera arreglar, los catalanes no podrán borrar de sus retinas las imágenes del ” a por ellos”, la violencia empleada contra personas mayores armadas con peligrosas papeletas, los gritos de odio que resonaron por toda la península, las auténticas barbaridades que se dijeron en televisiones, radios, periódicos. Por no hablar del subrealista despliegue policial, las absurdas explicaciones que dio el Gobierno y, para terminar de rematarlo, sale el rey riñendo a los catalanes y sin decir ni una palabra del desmadre policial contra gente indefensa. Tengo la impresión que ha empezado a cavar su propia tumba y no serán los catalanes los que lo defenestren, serán los mismos que hoy lo aclaman cuando se den cuenta del cúmulo de irresponsabilidades que se están cometiendo y que la cosa ya no tiene marcha atrás.

Si, ahora quiero que Cataluña se independice porque la única alternativa que me dejan es una Cataluña subyugada. Prefiero perder la pensión y que me encarcelen a ver algo semejante.

Vosotros, grandes patriotas de Una Grande y Libre, habéis conseguido lo que yo pensaba que nunca podría pasar ni deseaba que pasara.

Si, aún podéis estropearlo más. Los medios jaleando más al personal, el personal pidiendo mano dura al Gobierno, el Gobierno aplicando el 155 y a continuación el estado de excepción, el rey insultando un poquito más a los catalanes. Entre todos podremos hacer que este país pase a la historia, si, como el país más corrupto y más inepto del mundo.

Los catalanes también habrán cometido sus errores y, por descontado son responsables del más nefando de los pecados: desobedecer al sacrosanto T.C del que todos sabemos de qué pié cojea. Pero se han salido con la suya simplemente dejando que el inepto que no actúa nunca actuará por una vez. Y ya hemos visto a donde nos ha llevado. ¿ A alguna de esas cabezas pensantes que rigen este país se le habrá ocurrido pensar que hubiera pasado si Rajoy hubiera seguido siendo Rajoy y no hubiera hecho nada? Yo se lo digo: los independentistas se encontrarían en el peor de los escenarios. Se habría hecho el referéndum con toda tranquilidad, se habría declarado ilegal y ningún país del mundo lo hubiera dado por válido. Los nervios no se hubieran crispado, la gente no habría insultado a los catalanes hasta desgañitarse, se hubiera ahorrado una pasta en el transporte de policías y todos estaríamos mucho más tranquilos porque los catalanes no se habrían salido con la suya. Pero no. Había que machacarlos, tenía que quedar claro quien cojones manda aquí y, sobre todo había que darle una buena lección a los catalanes para que no volvieran a piarla en algunos años y, a ser posible nunca más. Si además de eso se ganaban las próximas elecciones, miel sobre hojuelas. Ya está el buitre de Aznar reclamando elecciones pensando que después de esta demostración de fuerza la cosa está chupada. Dios mío, que analfabetismo político que solo sabe ganar elecciones camelándose al pueblo y repartirse los jugosos beneficios que da el poder.

Me queda solo dirigirme a esa gente de buena fe que ahora sale a las calles reclamando diálogo. No sé si son buena o mala gente, pero al menos demuestran un poco más de inteligencia que los energúmenos de la mano dura y los cojones encima de la mesa. Pero siento decirles que llegan tarde. ¿Por qué no se manifestaron antes cuando solo se oían a los auténticos “separadores” y estaba clarísimo que los catalanes no reclamaban otra cosa que un mínimo de justicia y comprensión? Me consta que llamaron a todas las puertas y nadie les ofreció el mínimo apoyo. Tampoco los vi manifestarse cuando salieron a la luz las bochornosas conversaciones del ministro del interior con el consejero de garantías estatutarias, en las que con todo descaro se hablaba de fabricar pruebas falsas contra personas inocentes, o se jactaban de haber destruido la sanidad catalana. No sigo dando pistas, pero tuvieron un montón de oportunidades para mostrar su indignación. Solo los sufridos “bolivarianos” de Podemos osaron levantar tímidamente la voz para reclamar un referéndum con garantías que desbloqueara la situación. Mal que le pese a Rajoy, pasarán a la historia como los únicos que intentaron impedir la debacle que se avecina.

Y esto es todo amigos, enemigos y mediopensionistas. No se cuánto durará la agonía del enfermo, pero ya solo quedan dos opciones: Cataluña subyugada por la madre patria o Cataluña libre. Tal vez Europa obligue a Rajoy o a quien lo sustituya a sentarse a hablar seriamente con Cataluña y consiga que acabemos formando una república de naciones libres y asociadas. Para mi esta sería la mejor solución, pero como tarden mucho en darse cuenta del verdadero problema que tenemos entre manos, llegarán tarde también y saldremos todos trasquilados, incluida Europa. No se por qué me huelo que esto es precisamente lo que quieren los americanos, lo que explicaría a la perfección la actitud ambigua de Trump con D. Mariano. La independencia de Cataluña ya ha comenzado, le pese a quien le pese.

Un saludo y que Dios reparta suerte.

Comentarios (1)
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Moltes gràcies Albert !

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