Hazaña pontesa en el Mont Blanc

Hazaña pontesa en el Mont Blanc

Nacho Díguele, Luis Arto, Miguel Fernández y José Manuel Pajón ascendieron a la cumbre, de 4.810 metros de altura, tras diez horas caminando por los Alpes

Muchos habrán oído hablar del Mont Blanc, alguno quizás haya visitado la zona, pero muy pocos han conseguido ascender a su cima. Se dice que las grandes hazañas están reservadas para algunos valientes, esos con los que nos tropezamos en nuestro día a día. En este caso, esta gesta está protagonizada por cuatro integrantes del Club Montaña O Caxado -Nacho Díguele, Luis Arto, Miguel Fernández Mito y José Manuel Pajón-, así como por el vallisoletano Félix Merino. Hace justo un mes -el 21 de agosto- el grupo partió del municipio pontés. ¿Su reto? Completar una escalada de 4.810 metros de altitud.

Desde los pies del Mont Blanc, el refugio de Chamonix fue el punto de partida de una ruta que arrancó más temprano que de costumbre. «Preparamos el material y cenamos a las 18.30 horas. Intentamos echarnos a descansar, pero a las 12 de la noche ya estábamos desayunando», recuerda Mito. A las 01.45 horas, la hazaña pontesa por los Alpes se ponía en marcha.

Ruta de los cuatromiles

La ruta de los cuatromiles discurre por el Mont Blanc du Tacul y por el Mont Maudit, antes de alcanzar la cumbre del Mont Blanc. Diez horas necesitaron los ponteses para llegar a la última cima. «Hasta la mitad de la segunda fuimos de noche», recuerda Pajón. Pero eso no fue lo peor. Los montañistas tuvieron que saltar un puente de nieve roto y superar grietas de 40 metros de profundidad. Un recorrido solo apto para aventureros. «Nos encontramos con una pareja de españoles en el Mont Maudit y dieron vuelta porque no lo veían claro», explica Díguele. No fue su caso. Aseguran que no dudaron en ningún momento y que, a partir de ahí, la lucha fue solo contra el cansancio acumulado. «Psicológicamente -señala Pajón- lo último es lo más sencillo porque ya ves el Mont Blanc». Lo cierto es que todavía tenían por delante cuatro horas caminando por la montaña.

«A paso de procesión»

Preguntados por lo más duro del recorrido, los tres coinciden al unísono: «La altura fue lo peor de todo». ¿Por qué? «No dábamos caminado, nos faltaba el oxígeno», asegura Fernández. «De una forma muy gráfica, se puede decir que íbamos a paso de procesión», matiza Díguele. Y como muestra, apunta Pajón, «en mi caso intentaba llegar a los 50 pasos, los iba contando, y a continuación, hacía paradas de 15 o 25 segundos».

Pero la dureza del recorrido no ha hecho mella en ellos y tampoco en sus recuerdos, aunque reconocen que estando allí se les pasó por la cabeza de todo menos volver. «Yo hasta pensé en dejar la montaña, pero el viernes cuando volvíamos para As Pontes ya quería repetir», indica Fernández. Reflexiones que comparten su compañeros: «Yo no dejaba de preguntarme por qué no nos habíamos conformado con los Picos de Europa», apunta Pajón. «A me fascinó, ya estoy enganchado de por vida», subraya Díguele. Lo están -los tres- hasta el punto de que ya preparan su próxima hazaña. Si nada lo remedia, en 2019, los ponteses cambiarán los Alpes por el Atlas marroquí.

Ascenso conseguido