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Bandera de As Pontes.- La bandera de As Pontes lleva el rojo de la energía y el verde de la agricultura y la naturaleza de sus maravillosos paisajes. Los nueve cañones se corresponden con el número de piezas artilleras aportadas por este pueblo a la Conquista de Granada en 1492.

Escudo de As Pontes.- El Ayuntamiento de As Pontes de García Rodríguez trae por armas, en campo de gules, dos puentes de oro mazonados de sable, el primero de dos ojos y el segundo de uno, sobre fajado-ondado, de plata y azur, en punta; en jefe, una torre de oro, mazonada de sable y aclarada de azur. Al timbre, corona real cerrada.

 

Hace miles de años. La existencia de numerosas construcciones prehistóricas, en las cercanías de la villa de As Pontes, hacen pensar en la existencia de población en esta zona, desde épocas muy remotas. La densidad de mámoas megalíticas en la zona pontesa es sorprendente. Más de un centenar, muchas de ellas desaparecidas por la explotación del lignito, hacen de este municipio uno de los centros fundamentales del Megalítismo gallego. Las necrópolis o túmulos funerarios se suceden en Veiga dos Mouros, Serra do Cheibán, O Forgoselo, A Mourela, Monte Grou, Illade, Portorroibo… destacando los túmulos de tipo cista o caja de Veiga de Vilavella y de Veiga dos Mouros. En el último se encontraron hachas, azadas y una maza en forma de tonel, de tres lóbulos, con perforación bitroncónica. Muchas de estas mámoas están formadas por losas de casi dos metros de largo por uno de ancho, que el hombre prehistórico debió trasladar desde más de un kilómetro de distancia, hacia el emplazamiento del túmulo. La piedra era fundamental en estas construcciones, representando esa idea de totalidad y perdurabilidad, presente en una religiosidad megalítica que se caracterizaba por “el sentimiento de eternidad y continuidad entre la vida y la muerte”. Algunas de las mámoas pontesas tienen dibujos, líneas y grabados al estilo del dolmen de Dombate. En una de las losas de la cámara de Espiñaredo aparecen líneas serpentiformes, círculos, líneas verticales y un motivo interpretado como puñales. No se trata de simples motivos decorativos, sino de obras cargadas de simbolismo, profundamente ligadas al culto a los muertos.¿Fue As Pontes asentamiento de una muy importante tribu? Hay huellas importantes de la muerte y enterramiento de aquellos antepasados prehistóricos, pero escasísimos de su vida, de que fuese una población numerosa la habitante del valle del Eume. Ante esta pregunta, aún sin respuesta, Aquilino Meizoso aventura, en nuestros días, una sugerente hipótesis: “Pudo ser que nuestro nómada no habitara este valle, que sólo nos trajera, de cuando en cuando, sus muertos, sus lágrimas y sus recuerdos, que contemplara atónito las columnas de humo que, fruto de las múltiples afloraciones de lignito y su espontánea combustión, surgían por doquier, y que ellas hicieran un día elegir este lugar como su “Valle de los Reyes”, necrópolis donde concentrar el esfuerzo por alcanzar la eternidad y superar, quizás, la muerte”. Otras construcciones rituales de la época, existieron en As Pontes. Es el caso de los círculos líticos de A Mourela, destruidos a principios del siglo XX. El mayor de los dos tenía veinte metros y medio de diámetro y constaba de dos anillos hechos con bloques de cuarzo, que sobresalían entre 30 y 60 centímetros del suelo. Al suroeste tenía una entrada de metro y medio de ancho, flanqueada por dos piedras de un metro. El segundo círculo tenía ocho metros de diámetro, cuarenta centímetros de altura y una entrada de sesenta centímetros. Todos estos restos, cada día mejor estudiados, son las huellas de la primera cultura asentada y desarrollada en esta tierra.

 

 

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De Roma al Feudalismo. En el año 60 a.C., las naves de Julio César llegan hasta Brigantium. Sin embargo los efectos de la invasión y dominación romana de Galicia debieron llegar con retraso a As Pontes. Ninguna de las principales y más conocidas vías que figuran en el Itinerario de Antonio pasaba por As Pontes, pero es lícito suponer que desde Lucus Augusti (Lugo) alguna vía secundaria acercase la capital del convento jurídico romano a las costas de la ría ferrolana, pasando por el valle eumés. Pero sí llegó la lenta y progresiva romanización. Los ponteses terminarán pagando impuestos al Imperio, mezclando su primitiva lengua con el latín, adaptando su vida a las normas del derecho romano y adoptando criterios y estilos artísticos nuevos. Hay una huella romana en los más viejos puentes de As Pontes, aunque difícil de valorar tal y como hoy los conocemos. También, abundan en la comarca castros que, evidentemente, como demuestran ciertos vestigios, llegaron a la época romana y subsistieron romanizados, como forma de vivienda. La romanización del valle, si bien lenta por estar alejado de los centros neurálgicos políticos y culturales, la prueba un Ara Votiva, hallada en 1975 en las excavaciones de la ermita de Santa Eulalia de Portorroibo, y hoy instalada en el parque municipal, ante el edificio del Ayuntamiento.La presencia romana trajo otra decisiva aportación, el cristianismo, que fue superponiendo sus ritos, creencias y costumbres a la religiosidad primitiva típicamente agrícola, muy vinculada a la naturaleza, a los ritos mágicos de fecundidad y al culto a los muertos. Los sarcófagos paleocristianos hallados en As Pontes, que pueden verse en el parque de la villa, atestiguan la cristianización del valle, temprana, como la de toda Galicia. La población, dispersa en minúsculas aldeas o en las alturas de los castros, transformaría poco a poco los lugares sagrados de sus antepasados en pequeñas ermitas y santuarios que salpicarían, como aún lo hacen hoy en día, el paisaje pontés. La dominación sueva, en los siglos V y VI, poco significó para As Pontes. Es sabido que la estructura administrativa romana perduró y que hubo una especie de pacto para la convivencia entre los invasores y la población hispanorromana. También la situación geográfica debió preservar a los ponteses de los musulmanes. Es posible que algunos hispanos islamizados llegasen hasta As Pontes. Así se explicaría el origen de topónimos como Mouros, Mourela y otros. A mediados del siglo XIV, un tal Rodríguez de Valcárcel aparece en algunos documentos como señor de los cotos de Balón y Brión, próximos a Ferrol. Era nieto de Nuño Freire de Andrade, un vasallo del conde de Trastámara, que había sido armado caballero en Burgos, durante la coronación del rey Alfonso IX. No pertenecía, pues, a la vieja nobleza gallega. Cuando las sangrientas guerras civiles entre los partidarios de Pedro el Cruel y de Enrique de Trastámara asolaron la península, García Rodríguez de Valcárcel tomó partido por este último, participando en 1367 en la batalla de Nájera (La Rioja), desastrosa para el bastardo. Algunos afirman que García Rodríguez perdió parte de sus bienes durante la guerra fraticida. Lo cierto es que, en 1372, el rey Enrique II, “el de las mercedes”, hizo una a García Rodríguez: “Por quantas lealtanzas de fianza fallamos en vos… e por quanto afán y trabajo y pérdidas oviste tomado por nós… facemos vos donación pura y perpetua… del lugar de las Puentes de Hume”. García Rodríguez pasa a ser señor de As Pontes, de la villa y del castillo, con jurisdicción civil y criminal y poder para nombrar alcaldes, alguacil y escribanos públicos, por lo que el Concejo pierde su autonomía. Desde entonces, As Pontes pasa a llamarse As Pontes de García Rodríguez.García Rodríguez disfrutó de durante pocos años del señorío concedido por el Rey. Murió, según parece, en 1410 y fue enterrado en el convento franciscano de Villafranca del Bierzo, cuyo cercano castillo de Corullón pertenecía a su esposa, Inés Fernández de Tamar. Al no sobrevenirle descendencia masculina, sus tierras (el señorío de As Pontes, entre ellas) pasaron a los Andrade y, posteriormente, a la familia con la que entroncaron: los Condes de Lemos. El Concejo, Jueces y Jurados de As Pontes mandaron a Vivero, a visitar al obispo Don Munio, a su Alcalde, Joan Vermuiz, que resulta ser el primer pontés de quien sabemos el nombre. El acuerdo se firmó en la villa de Landro en marzo de 1267 en presencia de testigos vivarienses y ponteses. Entre estos últimos estaban Pedro Joaniz, clérigo, y otro Pedro conocido simplemente como “Pedro das Pontes de Hume”.

 

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El caminar hacia 1900. Al pasar el feudo a manos de los Lemos, en el siglo XVIII las tierras del valle pertenecían, en buena parte, a la casa ducal de Alba, representada en la comarca por los Castro y los Cora. Otro gran propietario, con tierras en Gondré y Freixo, era Joaquín Romero. Según el “Catastro del Marqués de la Ensenada”, realizado en 1752, residían, entonces, en el casco urbano pontés, poco más de doscientos habitantes y cerca de mil en el resto del municipio. La mayor parte de los ponteses se dedicaban a la agricultura y ganadería, pero algunos desempeñaban los oficios de arrieros, fundidores, zapateros, carpinteros, tejedores y hasta había un artesano que trabajaba la plata. La villa disponía de un Hospital “para recoger, dar posada y asistir a pobres, peregrinos y viandantes”. El edificio, cuyo recuerdo da nombre a la plaza principal de As Pontes, siguió siendo hospital hasta mediados del siglo XIX y escuela hasta la segunda década del siglo XX, en que fue demolido por una orden municipal que hoy resulta incomprensible. El Alcalde Mayor era Juan Clemente Meira y Ron, y gracias al libro de la Cofradía del Carmen, conocemos los nombres de otros vecinos de la época: Ángel Romero, Antonio do Pico, Agustín González, José Antonio González Goyos, Juan Pardo y Chao, Ramón de Fraga y Domingo López de Gondré. Ya se celebraba a principios de mes una feria-mercado en la villa que duraba tres días. En 1775, el Intendente Mayor de la Provincia de Betanzos, a cuya jurisdicción pertenecía As Pontes, ordenó suspenderla pretextando que llevaba tiempo sin pagar los impuestos correspondientes. El Alcalde Mayor y los mayordomos de las parroquias recurrieron ante el Consejo de Hacienda tal disposición y consiguieron en 1788 una Real Cédula de Carlos IV, autorizando la celebración del mercado en el futuro con exención del impuesto de alcabalas.Se cierra el siglo XVIII con un hecho precursor del actual acontecer del municipio: José Cornide Saavedra comunica a la Real Sociedad Económica de Amigos del País la existencia en As Pontes de García Rodríguez de yacimientos de lignito. En 1833, el municipio de As Pontes de García Rodríguez deja de pertenecer a la provincia de Betanzos, integrándose en la de La Coruña. En la época había 3864 habitantes, lo que significa que la población casi se había duplicado en cincuenta años y cuatriplicado en cien. El correo llegaba una vez a la semana desde la estafeta de Puentedeume. Cruzaban el río dos puentes, uno de piedra y otro de madera. Un nuevo puente, llamado de Isabel II, se levantaba años después, para dar paso a la nueva carretera general C-641, de Rábade a Ferrol, construida en 1862. El campo producía centeno, algún trigo, avena, maíz, patatas y legumbres, no escaseaba el arbolado ni el combustible y se criaba ganado de todas las especies. Pascual Madoz en su “Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico de España y sus posesiones de Ultramar” atribuía a As Pontes “buena ventilación y clima sano en lo general, pues no se experimentan enfermedades endémicas”, “su clima es sano y aunque experimentan calenturas e hidropesías se vive hasta los noventa o cien años”, “hay caza y la pesca que proporciona el Eume”.

El siglo XX. La extinción del sistema de foros no llegaría hasta el siglo XX, cuando en 1927, así lo promulgó la Dictadura de Primo de Rivera. Para entonces, muchos ponteses, como tantísimos gallegos, habían tenido que dejar su tierra en busca de sustento y mejor vida. Cuba fue junto con México, sin duda, el destino principal de estos emigrantes. En 1912, ya funcionaba en el Centro Gallego de La Habana una “Sociedad de los Naturales de Puentes de García Rodríguez”. Algunos de ellos, Bouza, Formoso, Bellas, Rivera, Ferreiro o Picos…, consiguieron en aquellos países la fortuna y el éxito. En los años veinte, la incidencia de la emigración ya se hacía notar en la vida de As Pontes, pues había 5364 habitantes de derecho y sólo 4777 de hecho. Entonces, el presupuesto municipal no superaba las 42000 pesetas y componían la villa, cinco calles, dos plazuelas y los barrios de La Magdalena, Casilla y Chamoselo. Aunque luego se desistiera de ello, comenzaba la explotación de la mina de lignito. La población se dedicaba, en general, a la agricultura, aunque algunos estudios informan de la fabricación de cerámica ordinaria y de pequeñas fundiciones de bronce y añaden, como dato curioso, la tradicional venta de medias de lana los primeros de noviembre. También de esta época, llegan los primeros datos sobre turismo: “La hermosa situación de As Pontes, sus deliciosos alrededores, sombreados por robles y pinos, por cuyo término discurre mansamente el Eume, hacen de este pueblo una encantadora estación veraniega a lo que contribuyen las aguas ferruginosas de sus agrestes montes”. La afluencia de “agüistas” a la fuente de As Boliqueiras debía de ser numerosa, pues ya en 1902 el Ayuntamiento había decidido construir una carretera hasta el mismo manantial y adecentar su acceso con unas escaleras de piedra. Carreteras, escaleras y fuente subsisten, pero la fama del agua ferruginosa decayó a mediados de siglo, cuando la medicina encontró fórmulas más eficaces para curar la tuberculosis y las anemias.En 1902, As Pontes había saltado a las páginas de los periódicos españoles al ser capturado allí el célebre bandido Mamed Casanova “Toribio”, natural de Grañas del Sor (Mañón) y escapado de la cárcel de Ortigueira. Su apresamiento se logró mediante una encerrona preparada por el entonces párroco de Freixo, Basilio Poupariña. En 1900 aparece la primera bicicleta, propiedad de Xosé Tojeiro. La luz eléctrica llega en 1908 y el telégrafo tres años después. En 1915 se inaugura la Casa Consistorial, hoy edificio de Correos, mientras seguía publicándose “La Unión”, periódico independiente impreso en los talleres ferrolanos de El Correo Gallego. La publicación aparecía los días 1 y 15 de cada mes, coincidiendo con el mercado y el ejemplar costaba 10 céntimos de peseta. “La Unión” tronaba contra el caciquismo y en sus páginas aparecían anuncios de variadas tiendas de la villa. En 1920 los comerciantes compraron el primer coche, un ómnibus “Dion-50”, y Alfonso Illade la primera motocicleta. Años más tarde, Sabino Pena comenzaba el servicio de taxi con un “Dodge”. En 1923 se construyeron las carreteras a Freixo, Ribadeume, Somede y otras parroquias, Celestino Pardo iniciaba el servicio de coches de línea y la empresa Lagares cubría el trayecto de Villalba a Ferrol y La Coruña, pasando por As Pontes. El grupo escolar de la plaza de América, hoy Colegio de Santa María, se levantaba por estas fechas, gracias al donativo de 35000 pesetas hecho por los emigrados en Cuba, que sirvió también para construir el cementerio de As Campeiras. La Guerra Civil de 1936-39 hizo brotar en As Pontes, como en todas partes, los enfrentamientos, odios y venganzas. Por fortuna, es un capítulo lejano de nuestra historia. En 1942, se inicia el camino del progreso y de la expansión industrial, con la instalación de ENCASO (Empresa Nacional Calvo Sotelo), cuya central térmica fue inaugurada en 1942 con la asistencia de Franco. Desde 1972, Endesa es el motor de la vida económica de un municipio que se anexiona en los ochenta las parroquias de Espiñaredo, Eume, Faeira, Goente, Ribadeume, Bermui y Seixo, hasta entonces pertenecientes a A Capela. En 1977, visitaron As Pontes SS.MM. los Reyes D. Juan Carlos y Dª Sofía, siendo objeto de un caluroso recibimiento en la Plaza del Hospital.Hoy, estamos escribiendo más páginas de nuestra historia, gracias al quehacer cotidiano de los ponteses, jóvenes y mayores, que con amor a su pueblo y tesón, están poniendo los cimientos de lo que algún día también será su historia.

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