La embajadora de los crepes y la quiche

La embajadora de los crepes y la quiche

Ha sido una semana agotadora, y lleva a este ritmo desde enero. «Hay días que mando hasta cincuenta correos», relata. Es el coste de organizar laSemaine de la Francophonie, que cada año reúne a cientos de estudiantes de francés. «Es mucho trabajo, pero soy feliz». Qué más se puede pedir. Su premio es ver disfrutar a los chicos y comprobar que su esfuerzo no cae en saco roto. Cuando a Nieves Vecilla y a Beatriz de la Fuente se les ocurrió organizar un festival con el fin de promocionar el aprendizaje de este idioma mediante la música y el teatro, reunieron a 350 alumnos en As Pontes. Nueve años después, en Vilanova se dieron cita 1.230 estudiantes de una docena de institutos procedentes de varios puntos de Galicia: de Vilanova y As Pontes, por supuesto, además de Gondomar, Caldas, Neda, Fene, Viveiro, Cariño, A Coruña, Santiago, Carral, Cambre y Porriño. Y para el año próximo hay más centros que quieren subirse a este carro.

Para poner en marcha toda la maquinaria que rodea a un encuentro tan multitudinario hace falta mucha gestión y mucha logística. El lunes durmieron en el pabellón multiusos unos setecientos chavales y a la mañana siguiente siguieron llegando autobuses con otros quinientos alumnos, dispuestos para bailar y cantar, por supuesto, en francés. La culpable de que se monte en Vilanova este tinglado es Nieves Vecilla, que cuando se trasladó hace cinco años al IES A Basella trajo consigo el encuentro de la francofonía, y mientras ella siga por las tierras de Valle-Inclán, va a ser difícil que cambie de escenario.

Con 62 años de edad, todavía tiene ganas y tiempo para seguir dando guerra. Podría haberse prejubilado, pero se niega a pasar a la reserva. Esta salmantina de cuna y gallega de corazón tiene el privilegio de trabajar en algo que le apasiona y le apena que otros docentes, mucho más jóvenes que ella, no demuestren este entusiasmo. «Hay profesores que en cuanto consiguen la plaza, hacen lo mínimo. Si no luchamos por esta asignatura, es peor para nosotros, porque estas plazas van a acabar desapareciendo», reflexiona.

En calidad de asignatura optativa a partir de segundo de la ESO, el estudio de esta lengua ha quedado rezagado respecto a otras materias. «El francés corre peligro en toda Galicia. Luchamos con las TICs, la informática, la música…, hay que ofrecer algo distinto si no los chicos no la eligen. Los programas que nos obligan a impartir no sirven para nada, hay que hacer las clases amenas y cosas que les diviertan», señala. En ello está. Nieves ha logrado que sus alumnos aprendan vocabulario a cuenta de un montón de canciones y haciendo de la necesidad virtud. La profesora los sitúa ante el reto de tener que manejarse en un restaurante o en una tienda cuando van de excursión a París, a Bruselas y a Ginebra.. «Les digo que aprendan cosas que les van a ser útiles y que le interesan a ellos, como pedir una hamburguesa sin mostaza o ir a comprar una sudadera». Y la fórmula funciona, sostiene la docente.

La matrícula en A Basella ha crecido notablemente en pocos años; cuatro grupos de primero de Bachillerato y dos de segundo cursan francés bajo el magisterio de Nieves y de su colega Minia Romay, lo cual sitúa a este centro por encima de la media. «Me encuentro alumnos que, años después, me dicen que todavía se acuerdan del francés gracias a las letras de las canciones que aprendimos en clase; cantando es la mejor manera de aprender el idioma». Así que, por canciones no queda, y el martes sonaron docenas en el multiusos de Vilanova.

Pero el aprendizaje de un idioma no es completo si no se conoce el país y la cultura del que procede. Nieves Vecilla también se encarga de cubrir este ámbito, por eso organiza tres excursiones al año, lleva la prensa francesa a las aulas y de vez en cuando cambia los libros por harina, nata y huevos. Porque en sus clases también se cocina, como no, a la francesa, y qué más francés que unas crepes y la quiche.

La profesora se pasó toda la tarde del miércoles y parte de la noche cocinando en su casa para que el jueves sus alumnos pudieran celebrar la tradicional jornada dedicada a la gastronomía gala. Y como en el centro no hay horno, se presta a llevarla comida ya preparada. Pero es que, además, cuando son los chavales los que ejercen de chefs en clase, la maestra tampoco tiene inconveniente en emplear el tiempo de recreo para llevar las bandejas a su cocina, situada al otro lado de la calle. ¿Se puede pedir más? Tiene la espina clavada de organizar un intercambio escolar, pero no hay tiempo para más.

La vecina Francia debería tomar nota y nombrarla su embajadora en las aulas gallegas. Nieves Vecilla no pide nada. Su único objetivo es inculcar a sus alumnos su amor por el francés y por la cultura de este país, y seguir haciendo lo que más le gusta. «Me encanta mi profesión y mi asignatura, soy feliz», insiste.

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