Perros con cáncer: la lucha contra el cierre del único centro con radioterapia avanzada para mascotas de la Península

Perros con cáncer: la lucha contra el cierre del único centro con radioterapia avanzada para mascotas de la Península

 

La suya es una historia de generosidad. Porque sus perros sí pudieron recibir a tiempo el tratamiento. Sin embargo, son conscientes de que otros muchos se quedarán en el camino. Elúnico centro de la Península con radioterapia avanzada para mascotas, Ciovetcerrará sus puertas a finales de junio. Las alternativas más cercanas están en Francia y Suiza. «Sé de un gatito que estaba a punto de empezar a darse radio. Imagínate qué impotencia deben sentir ahora sus dueños», cuenta Cristina Rodríguez, propietaria de Bequer, que recuerda cómo se enteró de la noticia: «Lamentamos comunicarles que por motivos ajenos a los trabajadores de esta empresa, su actividad cesa de forma temporal». Fue el mensaje que hace unos días recibieron en su móvil los dueños de animales que habían hecho uso de los servicios que presta este centro situado en la localidad cordobesa de Cabra. «A no ser que algún inversor, público o privado, se haga cargo de las máquinas, el cierre será definitivo», dice Cristina, refiriéndose a los aceleradores lineales.

Desolada, esta joven natural de As Pontes, emprendió una campaña de recogida de firmas. «Llevamos casi diez mil. No sé qué validez legal tendrán pero al menos ganaremos difusión y que la gente sepa lo que está pasando. Igual llega a la persona indicada». En la petición, colgada en la plataforma Change.org, figuran algunos de los célebres destinatarios a los que ha sido dirigida, como la Fundación Amancio Ortega, el actor y confeso amante de los animales Dani Rovira, o el presentador Jorge Javier Vázquez, que tiene varios galgos adoptados.

«Él me dio la vida, se lo debía»

Cristina no está sola en su empeño. El vigués David Rioboo acaba de regresar de Andalucía con Gaudí, su staffordshire inglés, aquejado como Bequer, de un glioma inoperable. «Cuando tienes un problema así, buscas debajo de las piedras». Estaba dispuesto a todo con tal de devolverle «lo que él había hecho por mí. Estuve enfermo y él me acompañó durante todo este tiempo. Me dio la vida». Cruzó la península en coche, con su padre al volante, porque no podía conducir. «Estoy mal de las cervicales». Cristina se las vio y se las deseó para encontrar un alojamiento temporal. «Tuvimos que llamar a más de doce sitios para encontrar a alguien que nos alquilase un piso». Los fines de semana regresaba a Galicia para trabajar. «Y mi pareja cambiaba el turno con los compañeros».

David notó que algo iba mal hace dos meses. «Es tremendamente mimoso y ese día me gruñó». Después de trece sesiones de radioterapia y un desembolso de cuatro mil euros, Gaudí podrá celebrar su décimo cumpleaños el próximo mes de septiembre. En el caso de Bequer, los síntomas se fueron agravando. «Empezó siendo algo muy inespecífico. Nos decían que podía ser de la tiroides. Pero luego daba vueltas sin parar en círculos, no era capaz de comer solo, no sacaba la lengua para beber…». Cristina califica de «milagro» lo que hicieron con su bulldog inglés. «Llegó casi muerto. Y nosotros, desesperados, sabiendo que podía irse en cualquier momento. Salimos de allí como si nos hubiera tocado la lotería. Fue uno de los días más felices de mi vida», recuerda emocionada, con lágrimas en los ojos. Y eso que se gastó «unos diez mil euros». Todo es, dice, cuestión de prioridades. «Yo lo quité de mis ahorros. Hay quien pide un préstamo, o recauda dinero a través de subastas benéficas. Otros se gastan el dinero en un abrigo de piel». Su decisión no estuvo exenta de polémica. Tuvo que escuchar a personas que le recomendaron dejarlo morir. «Yo les decía que mientras no sufriese ni tuviese dolor, lucharía por él. Ahora esa gente que me dijo que lo eutanausiara se ha tenido que comer sus palabras». En agosto Bequer hará siete años y puede que viva otros dos más. «En la vida de un perro eso es mucho», reconoce. Las tasas de éxito son elevadas pero hay casos increíbles, como el de un perro de raza pomerania «con un glioma inoperable, más grande que el del mío -recuerda David- y al que se pudo reducir un 95 % la masa cancerígena».

Ambos resumen las razones que los mueven: «No pedimos que abra nada sino que se mantenga abierto lo único que hay. Además, la oncología animal comparte investigaciones con la humana, de forma que unos se benefician de otros. Y porque tienen derecho a una oportunidad de salvarse».

La Voz de Galicia