Un baño sobre el agujero negro

Un baño sobre el agujero negro

Era un agujero negro -tan negro que de él salieron 261 millones de toneladas de lignito-, pero lo que en su día constituyó la mayor mina a cielo abierto de España, la de As Pontes, se ha transformado en un lago donde se practica vela, nadan las truchas y la temperatura del agua es tan agradable que apetece bañarse aun cuando el cielo está gris y sopla el casi omnipresente viento. «Está a más de 20 grados… 22 o 23. Y con sol puede subir un par de ellos más, tranquilamente», explica Fernando Jato, uno de los socorristas que velan desde junio hasta septiembre por la seguridad de los numerosos bañistas -entre 300 y 500 los días soleados- de una playa que es, de por sí, muy segura.

De los casi 18 kilómetros de perímetro del lago, la playa artificial ocupa unos 500 metros y el límite de la zona de baño se sitúa a unos 25 metros de la orilla. «Es muy escalonado y no cubre hasta los 15 o 20 metros. En la boya la profundidad es de unos 5 metros y a partir de ahí ya pica muchísimo», añade el socorrista. Tanto pica que la máxima profundidad de la laguna es de 206 metros.

Aunque el llenado de esta enorme cuenca -en su mayoría con agua del Eume y sus afluentes- ha recibido críticas de ecologistas, que niegan el discurso de regeneración ambiental de la responsable de la térmica, para los vecinos de As Pontes, principales beneficiarios de esta área abierta en el 2012, solo hay que abrir los ojos y mirar. «Hubo críticas, sí, pero no creo que los ecologistas viendo esto digan ahora nada», opina Diego Picos, de 19 años, quien, en bañador tras un chapuzón mañanero, asegura recordar aún la imagen de las máquinas trabajando en el valle cuando de él se extraía carbón. «Ahora el agua está muy bien y hasta se ven peces. Acabamos de ver una trucha así», asegura acotando el aire con las manos unos 20 o 25 centímetros.

El lago, donde además de actividades náuticas se practican zumba y spinning, se ha convertido en la mejor alternativa a la playa para los vecinos de As Pontes, pero es también un polo de atracción para otros muchos gallegos, interesados por la historia del lago, las rutas de senderismo y bici y las próximas Fragas do Eume. «Hay días que hay muchísima gente. No lleno, porque es muy grande, pero hay muchas personas del pueblo que ya pasan de ir a la playa», añade Picos. En los días soleados son los vecinos del entorno los que más se acercan al arenal, mientras que cuando está gris quien más recala en este espacio verde con dos chiringuitos a pie de playa son visitantes de otras zonas de Galicia y de España.

Cáceres, Burgos o La Rioja son los puntos de origen de algunos de estos turistas, pero cuando llegan del extranjero, de Alemania, Cuba o Francia, se trata en general de emigrantes que regresan a Galicia de vacaciones, como Milagros Román, originaria de Vilalba, casada con un portugués y residente en Haute-Saucie. «No sabía que había aquí esta playa, pero volveremos. Yo prefiero el lago al mar», dice.

Fuente La Voz de Galicia